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Fotos por: El Espectador

El Día del Estudiante Caído o Día del Estudiante Revolucionario en Colombia se conmemora el 8 de junio y se extiende un día más por la magnitud de los acontecimientos.  Con este día de homenaje se busca reivindicar los derechos, promover reflexiones y diálogos y declarar la contraposición a los actos de violencia en contra de los estudiantes colombianos.

Los hechos que dejaron 13 estudiantes universitarios asesinados, más de cien heridos y un centenar de detenidos durante las manifestaciones en el país —que en ese entonces gobernaba el general Gustavo Rojas Pinilla—, quedaron marcados no solo en la historia de Colombia como un capítulo de violencia, sino además sentaron las bases para la “resistencia” de los movimientos estudiantiles en Colombia.

Manifestaciones estudiantiles

El origen de las revueltas inició en junio de 1929, durante la presidencia del conservador Miguel Abbadía Méndez, cuando estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia pidieron la renuncia de los funcionarios involucrados en la “masacre de las bananeras”. El 6 de diciembre de 1928, más de 4.000 trabajadores de la United Fruit Company fueron asesinados por tropas nacionales mientras protestaban por mejores condiciones laborales.

Esa noche del 8 de junio de 1929, policías del batallón presidencial, asesinaron al estudiante Gonzalo Bravo Páez, un acontecimiento que produjo consternación en la sociedad colombiana.

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Desde aquella época, era habitual que los estudiantes se reunieran todos los años para conmemorar la muerte de Gonzalo Bravo. Así fue cuando el 8 de junio de 1954, mientras se dirigían al Cementerio Central de Bogotá en la calle 26, un fuerte cordón policial les impidió el paso. Según testigos eran momentos tensos de profunda zozobra y represión militar.

Ese mismo día dentro de la ‘ciudad universitaria’ de la UNAL, un disparo policial dejó sin vida al estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo. A la fecha estos confusos hechos violentos no han sido esclarecidos

La masacre estudiantil

La muerte de Gutiérrez Restrepo de 24 años, estudiante de cuarto año de Medicina y segundo de Filosofía y Letras, provocó el descontento estudiantil, motivando la multitudinaria marcha del 9 de junio en rechazo de los hechos y exigiendo a las autoridades justicia.

Cerca de diez mil universitarios salieron a las calles y se apostaron en la carrera séptima con calle 13, donde eran esperados por soldados del ejército del Batallón Colombia. A la movilización se sumaron estudiantes de universidades privadas como la Pontificia Universidad Javeriana, los Andes, América, el Rosario, e incluso bachilleres de colegios de la ciudad.

¿Quién dio la orden?

El ministro de Gobierno de la época, Lucio Pabón Núñez, se dirigió a la nación en la radio estatal esa tarde y dijo que la marcha había sido infiltrada.

“Esta mañana un grupo de estudiantes, encabezado por un grupo desconocido, comenzó una manifestación contra el gobierno, rechazando las bases del acuerdo alcanzado ayer en el Palacio. Los factores que guían a los estudiantes son bien conocidos y peligrosos, y tienen un cierto rastro. Cuando los manifestantes llegaron a la calle 13 con la carrera 7, vieron un cordón policial y alertaron a los estudiantes para que no siguieran; de repente, desde una casa cercana, se dispararon varios revólveres, hiriendo a un soldado, quien luego murió. Siguieron disparos, matando a dos soldados e hiriendo a siete”, señaló.

Testigos entre los que se incluyen estudiantes que estuvieron allí, dieron testimonios totalmente diferentes al de las autoridades. Relataron que justo cuando expresaban tranquilamente su disconformidad con lo sucedido, se escucharon disparos y una lluvia de balas cayó sobre los estudiantes desarmados, muriendo varios al instante.

Las cámaras de los fotoperiodistas que cubrían la marcha capturaron imágenes de soldados apuntando con sus rifles.

Posteriormente, los soldados persiguieron a los manifestantes dispersos en retirada a lo largo de la Carrera 7 y la Avenida Jiménez.

La Comisión de la Verdad

En un escrito de 88 páginas incluido en el Informe Final de La Comisión de la Verdad, se resalta este episodio sombrío y se hace una mención especial sobre la incursión del conflicto dentro de las universidades. Los expertos señalaron que después de más de 60 años existe “una enemistad entre sectores universitarios y la Fuerza Pública que se ha desenvuelto de manera violenta hasta tiempos presentes”.

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El texto “Universidades y conflicto armado en Colombia” suministra datos proporcionados por las IES, bases de información, fuentes abiertas, artículos de prensa, entrevistas a víctimas, con el propósito de sustentar un reclamo del movimiento estudiantil en numerosas ocasiones: “la respuesta violenta al auge de la movilización social involucró escenarios de militarización de los planteles y declaraciones recurrentes de intenciones estatistas”.

De acuerdo a registros de La Comisión de la Verdad entre 1962 y 2011: “todos los años en Colombia hay casos de asesinato o desaparición forzada de estudiantes”, indica el documento, con excepción de 1968.

Con información de: El Tiempo y El Espectador

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